Gestión de riesgos: qué es, tipos y aplicación

Mujer con gafas y camisa negra hablando con otra que está de espaldas

Toda empresa está expuesta a una serie de riesgos que pueden derivar en trastornos en la operatividad de la misma, mermando su productividad. Por eso, resulta imprescindible conocer estas amenazas y disponer de todas las medidas de prevención y respuesta adecuadas.

Qué es la gestión de riesgos y cómo aplicarla a la empresa

La gestión de riesgos consiste en identificar, evaluar y responder a los factores que pueden amenazar a la empresa y su operativa, controlando y previendo las amenazas antes de que sucedan y dándoles respuesta rápida para minimizar las consecuencias cuando se produzcan.

De ahí que el proceso de gestión deba llevarse a cabo de forma periódica, involucrando a los distintos miembros de la empresa, mediante información y formación adecuada, y ofreciéndoles los recursos necesarios para cada tipo de riesgo.

¿Qué es la gestión de riesgos?

La gestión de riesgos permite a las compañías identificar, analizar y responder a los peligros a los que están expuestas de manera global, sectorial o corporativa para eliminar o reducir las posibilidades de que ocurran.

Objetivos de la gestión de riesgos

Los objetivos específicos de la gestión del riesgo son asegurar el cumplimiento regulatorio, aumentar la rentabilidad y garantizar la permanencia del negocio, protegiéndolo de posibles pérdidas o amenazas que impidan el funcionamiento normal del mismo, ya sea por un riesgo reputacional, financiero, operacional o de cualquier otro tipo.

Un dedo apuntando hacia una gráfica en una pantalla

Tipos de gestión de riesgos

Existen distintos tipos de gestión:

– Aceptación del riesgo. Se produce cuando se aceptan los riesgos asociados a una situación concreta, de modo que la empresa concibe que no vale la pena el coste y el esfuerzo para mitigar los eventos que pueden ocurrir debido al riesgo y asume las consecuencias de los mismos.

– Transferencia de riesgos. Tiene lugar cuando la organización traslada los riesgos para que otra parte se haga cargo de las consecuencias del mismo, como ocurre cuando se contrata una póliza de seguros, que asumirá el coste de los incidentes que hayan amenazado a la empresa.

– Evitar el riesgo. Consiste en realizar una gestión de la prevención, tomando medidas para evitar que se produzca un riesgo concreto, como incorporar antivirus, para evitar ataques informáticos, o dotar de extintores a la fábrica, para apagar cuanto antes pequeños incidentes de fuego.

– Reducción de riesgos y prevención de pérdidas. Se trata de adoptar medidas o métodos para reducir el impacto de un riesgo concreto. Por un lado, se reconoce y acepta el riesgo y, por otro, se dedica tiempo a reducir su impacto y contener la pérdida de la propagación.

– Compartir el riesgo. Radica en distribuir el riesgo a todo el equipo, de modo que se resta la carga de los sucesos problemáticos a un departamento y se comparte con otros, para que puedan ayudar y controlar esos riesgos de manera conjunta.

Persona escribiendo en un ordenador portátil

Pasos de una gestión de riesgos efectiva

Para llevar a cabo una buena gestión de riesgos en proyectos hay que seguir una serie de pasos:

  1. Identificar los riesgos. Lo primero que hay que hacer es determinar los riesgos a los que se enfrenta la empresa, revisando todos aquellos que podrían afectar a su operatividad y registrarlos en un plan de gestión de riesgos.
  2. Analizar los riesgos. Una vez identificados los riesgos, hay que evaluarlos y determinar la probabilidad de que se produzca y el daño que podría ocasionar si tuviera lugar, para, en función de ello, establecer un plan de respuesta.
  3. Respuesta al riesgo. Conocidos los riesgos, hay que tomar medidas para reducirlos o eliminarlos en la medida de lo posible, para lo que se asigna al equipo de profesionales adecuados que pongan en marcha los planes y medidas para tratarlos y gestionarlos.
  4. Revisión y seguimiento. Finalmente hay que revisar y supervisar los riesgos, llevando a cabo un seguimiento del progreso del proceso de gestión del riesgo, para garantizar que todos los pasos se están siguiendo correctamente.

La importancia de los seguros en la gestión de riesgos

Una buena gestión de riesgos pasa por contar con un programa de seguros, que identifique con qué pólizas debe contar la empresa en relación a sus amenazas, para que sea la aseguradora la que asuma el coste de esos incidentes. No obstante, los seguros ayudan a proteger la empresa frente a los riesgos internos y externos que pueden afectar al negocio, garantizando la continuidad del mismo. Por ello, es importante contar con profesionales en gestión de riesgos o especialistas en el sector asegurador que asesoren correctamente a la empresa para contratar las pólizas necesarias en cada caso.

Plan de gestión de riesgos: ejemplo

Un plan de gestión de riesgos define las medidas y las acciones del procedimiento de gestión de riesgos, que deben ser acordes a las amenazas que la empresa es susceptible de sufrir. Se trata de un plan previo, definido por cada organización en función de sus características y actividad para saber cómo actuar ante un posible siniestro y reducir los daños que se puedan producir.

Para desarrollarlo hay que determinar la metodología para la gestión de riesgos; definir los parámetros y riesgos que se van a valorar, clasificándolos y describiendo cada estrategia en función de cada riesgo; y evaluar esos peligros.

El plan de gestión de riesgos debe contemplar los factores desencadenantes que pondrán en marcha el plan, las respuestas inmediatas, los profesionales que deben tomar parte, las principales responsabilidades, el cronograma de las respuestas y la comunicación del mismo a toda la organización.

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