El auge de la inteligencia artificial introduce nuevos riesgos para administradores, como el AI washing, aumentando la exposición en D&O y exigiendo mayor gobernanza, supervisión y cumplimiento regulatorio empresarial global.
Los órganos de administración de las empresas se enfrentan a un entorno de responsabilidad cada vez más complejo, marcado por una sucesión de riesgos emergentes que han ido ampliando de forma progresiva el perímetro de exposición de las pólizas de D&O; Riesgos medioambientales, ESG, riesgos reputaciones y legales derivados del movimiento Me too, o los riesgos cibernéticos son algunos de los principales. A todos ellos, se suma ahora la IA, un nuevo vector de riesgo que implica una dimensión adicional de complejidad.
La creciente adopción de la inteligencia artificial está transformando los modelos de negocio de numerosas empresas. Uno de los riesgos más relevantes es el denominado AI washing, una práctica que consiste en exagerar o atribuir capacidades de inteligencia artificial a productos, servicios o procesos de forma engañosa o no suficientemente acreditada.
Las declaraciones sobre estrategias y capacidades de IA pueden influir significativamente en las decisiones de inversión y en la valoración de las compañías. Cuando estas afirmaciones resultan inexactas o carecen de fundamento, pueden dar lugar a reclamaciones de accionistas, investigaciones regulatorias y procedimientos judiciales.
La tendencia ya es visible en Estados Unidos, donde las demandas relacionadas al AI washing han experimentado un crecimiento significativo desde 2023. Además, la SEC ya ha sancionado a empresas por realizar declaraciones engañosas sobre el uso de esta tecnología.
En Europa, la entrada en vigor del AI Act ha reforzado la importancia de una adecuada gobernanza de la inteligencia.
Aunque no establece una responsabilidad personal específica para los administradores, sí incrementa sus deberes de diligencia y supervisión respecto al uso de estas tecnologías dentro de la organización.
En este contexto, cobra especial relevancia la implantación de estructuras de gobernanza que garanticen que el uso de la IA esté sujeto a supervisión humana efectiva y que los riesgos asociados sean identificados, evaluados y comunicados de forma periódica al consejo de administración. Del mismo modo que ocurre con los riesgos financieros, de ciberseguridad o de cumplimiento normativo, los riesgos derivados de la inteligencia artificial deben formar parte de los sistemas de control interno y de los procesos de reporte a los órganos de gobierno. La ausencia de información adecuada al consejo o la falta de supervisión sobre el despliegue de sistemas de IA podría interpretarse como una deficiencia en el ejercicio de los deberes de vigilancia de los administradores.
Por ello, el AI washing se perfila como una nueva fuente de exposición para las pólizas de D&O, y convierte la gobernanza de la inteligencia artificial en un elemento esencial para la gestión del riesgo empresarial y la protección de administradores y directivos.

Lola Cabello de los Cobos
Head of Corporate Financial Lines – Markel España