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Dentro del campo jurídico, existen diversos tipos de responsabilidades civiles que contemplan el resguardo y protección a terceros por parte de una empresa o institución encargada de prestar servicios. Una de las más comunes y requeridas por los empresarios es la de Responsabilidad Contractual incluida en el Código Civil.

Hablar de responsabilidad es referirse al hecho de asumir las consecuencias jurídicas que se puedan generar de un acontecimiento ilícito cometido por alguien o cuando, por ejemplo, un deudor incumple con su obligación frente a un acreedor.

La Responsabilidad Contractual contempla la vulneración de algo exigido mediante un contrato. Existen algunas nociones claves que forman parte de la Responsabilidad Contractual y que es fundamental tener presente para reconocer cuándo se trata de un caso de fraude y cuándo es un tema de culpa.

Hay fraude cuando se incumple un contrato teniendo plena conciencia de que se están incumpliendo los acuerdos contenidos en el mismo; mientras que la culpa se da al producirse un incidente de manera inconsciente y sin intención de incumplir las responsabilidades asumidas a través de un contrato. Esto puede reflejarse en el Art. 1104 del Código Civil que entiende la existencia de culpa o negligencia del deudor en los casos en los que se dé la omisión de aquella diligencia que exija la naturaleza de la obligación y corresponda a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar.

Un ejemplo de esto podría ser cuando un trabajador se duerme durante su jornada laboral. Si bien cae en incumplimiento de su compromiso, no es una situación de carácter fraudulenta. Todo va a depender de la naturaleza de cada situación y de las consecuencias negativas que se generen.

¿Qué dice el Código Civil sobre esto?

Dentro del Código Civil existe una gran variedad de artículos que deben ser estudiados y conocidos a profundidad por las empresas a fin de saber a qué se exponen y cuáles son sus obligaciones jurídicas. De acuerdo con la información reflejada en el sitio web Iberley, el Art. 1089 del Código Civil determina que “las obligaciones nacen de la ley, de los contratos, y cuasi contratos, y de los actos y omisiones ilícitos o en los que intervenga cualquier género de culpa o negligencia”. De ahí la necesidad de diferenciar entre la responsabilidad contractual y la extracontractual, basándose en las diferencias resultantes de su origen.

En el Art. 1091, se estipula que las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes. Igualmente, en el Art. 1101, se contempla que quedan sujetos a la indemnización de los daños y perjuicios causados los que en el cumplimiento de sus obligaciones incurrieren en dolo, negligencia o morosidad, y los que de cualquier modo contravinieren al tenor de aquellas.

Según Iberley, cuando la obligación no exprese la diligencia que ha de prestarse en su cumplimiento, se exigirá la que corresponda al caso específico. Sin embargo, nadie responderá de aquellos sucesos que no hubieran podido preverse, o que, aún previstos, fueran inevitables, salvo que la ley o la obligación expresamente lo declare (Art. 1105, Código Civil). En cuanto a la indemnización de daños y perjuicios, el Art. 1106 no solo considera el valor de la pérdida que hayan sufrido, sino también el de la ganancia que haya dejado de obtener el acreedor.

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